ZZ…Continúo aun hoy en día, escuchando buen Rock and Roll y con la misma idea de cambiar el mundo…ZZ

domingo, agosto 02, 2015

Jesús Torrivilla Entrevista a Carlos Zerpa

 Cultura Crítica

Entrevista a Carlos Zerpa: El arte de unos señores que estaban locos; por Jesús Torrivilla

Por Jesús Torrivilla |
 1 de agosto, 2015
Foto-Carlos-Zerpaweb
En la vitrina de la extinta Librería Cruz Del Sur, un maniquí viviente, enloquecido, ensayaba las primeras instalaciones del arte contemporáneo en Venezuela. Eran los años sesenta, el país dejaba atrás una década de dictadura militar y se abría paso a nuevos horizontes. Carlos Zerpacuenta cómo, en esa recordada vitrina, Claudio Perna leía, mostraba fotos, diapositivas, escenografías insomnes. Un mundo tan nuevo que todavía no había como nombrarlo: palabras como acciones o performances vinieron después, cuando se le reconociera como un referente ineludible de nuevas formas de hacer arte en Venezuela.
Nacido en 1950, con un profuso y multidisciplinario currículo artístico, Zerpa forma parte de una generación que a partir de los años setenta entiende que el cuerpo y el grito también son aliados del caballete y los pinceles. Zerpa clausuró recientemente su exposición The Carlos Zerpa Showen la Galería D’Museo, donde los espectadores compartieron junto a un fauno hecho de muelas, las botas de Joe Cocker, el maletín de Félix El Gato y los acordes electrónicos de Miguel Noya, quien presentó un performance durante los días de la exposición.
En el tránsito entre los nuevos medios de los que se apropia el artista, lograr la resolución de una idea creativa permanece en el centro de las preocupaciones de Zerpa, a la vez que cuenta los capítulos que ha vivido de la historia del arte en Venezuela.
El Homenaje a la Necrofilia, de Carlos Contramaestre, se ha rescatado como antecedente clave en las prácticas no convencionales de arte en Venezuela. ¿Sientes que es un referente legítimo?Me parece estupendo, él fue uno de los pioneros. No El Techo de la Ballena como grupo, pero sí elHomenaje… de Contramestre. Ése fue un movimiento muy amplio y acogía estas nuevas manifestaciones, pero sus inquietudes colectivas estaban orientadas hacia lo poético, no lo performático. Homenaje a la Necrofilia en sus comienzos se vio como una acción poética. En ese momento no se hablaba de instalaciones. Pero si nos vamos más atrás nos ponemos a ver que Ferdinandov y Reverón hicieron performance. No lo llamaban así, pero lo que hacían se emparenta muchísimo: las danzas de Reverón pintando; las acciones poéticas de Ferdinandov como irse con un piano de cola a tocar en un cementerio. Eso fue mucho antes de Jodorowsky, pero se veían como las cosas de unos señores que estaban locos. Hoy en día se rescatan como antecedentes de un nuevo arte: el performance art.
¿Cómo ha evolucionado la relación del público con estas manifestaciones? Homenaje a la necrofilia fue hecho para escandalizar.Esas acciones fueron bastantes importantes porque se usaron las calles. Se tomaron plazas y espacios que normalmente no estaban bien vistos para el arte. El arte era para museos y galerías. Llevarlo a una calle, a una librería, a un garaje no estaba bien visto. Marco Antonio Ettedgui se presentaba en el garaje de las Lámparas Araya, Diego Barboza hacía sus eventos en el Parque del Este, Claudio Perna en la Librería Cruz del Sur, Antonieta Sosa en la Plaza de los Museos. El transeúnte que iba pasando por ahí no contemplaba la posibilidad de enfrentarse a una manifestación artística. Yo vi esto como algo muy positivo que llegó a muchísima gente. Y a raíz de la participación de un grupo de nosotros en el Coloquio de Arte No Objetual de Medellín [1981] se empiezan a abrir una cantidad de puertas que antes estaban cerradas, como invitaciones o la inclusión de estas manifestaciones dentro de los salones tradicionales de arte. De pronto ves cómo el Salón Michelena abre sus espacios a instalaciones, a ensamblajes, a performance art yvideo art. El Salón Michelena lo abre gracias a una figura clave: Alfredo Fermín, periodista de Valencia, quien estuvo en la Bienal de Medellín y dijo: “Oye, esto hay que llevarlo. Hay que darle una inyección de vida al Salón”. Luego lo tomó el Salón de Aragua y todos los salones. Ahora es común que alguien presente en un salón de arte instalaciones, ensamblajes, arte sonoro, performace art. Sí se lograron cosas.
¿Cuáles exposiciones o eventos considerarías que fueron hitos para ese movimiento? ¿Podemos hablar, por ejemplo, de la visita de Charlote Moorman al Festival de Video de Caracas en 1975?Su visita fue muy importante. La trajo Sofía Ímber y Margarita D’Amico manejó todo el movimiento de Charlotte Moorman en Venezuela. Aquí en Caracas, Claudio Perna trabajó con ella, el cello viviente, y es quien la acompaña en los videos de Tucacas. Fue clave la visita de Charlotte Mooman a Venezuela. Para nosotros, aquellos jóvenes entre los cuales me incluyo, que estábamos haciendo cosas de este nuevo tipo de arte, hubo unos eventos capitales: Acciones frente a la plaza [1981], organizado por FUNDARTE, Pedro Terán y Bélgica Rodríguez; Arte Bípedo[1981], que lo organizó la GAN (Marco Antonio Ettedgui), y un tercer festival que se dio en el Museo Narváez de Margarita, que lo organizó Juan Loyola. Luego surge, dirigido por Luis Ángel Duque, el Espacio Alterno del Ateneo de Caracas, donde se muestra arte conceptual, acciones en vivo, performance…
¿Cuál fue su relación con la oficialidad, con las instituciones culturales del país? El arte geométrico se convirtió muy rápido en la voz de esa oficialidad, mientras ustedes se mantuvieron en otra dimensión. ¿Cómo ves ese momento de diálogo?Es muy sencillo: este trabajo artístico aún hoy en día es muy difícil de encasillar y de meterlo bajo régimen. Es tan libre y tan espontáneo que no ha podido ser clasificado del todo, ni ordenado ni manejado. A esto siempre se le tuvo mucho temor en Venezuela. Las pocas oportunidades en que se tomaron espacios oficiales para hacer nuestro trabajo fue a través de personas claves, no de los directivos de los lugares. Marco Antonio Ettedgui con la Gobernación de Caracas, con el Festival de Teatro, logró que un grupo de nosotros formáramos parte de esas presentaciones. Gracias a Pedro Terán, ligado a Bélgica Rodríguez, y a FUNDARTE logramos Acciones Frente a la Plaza. Pero tuvimos pocas invitaciones oficiales: siempre nos tuvieron mucho miedo. Por ejemplo, el Espacio Alterno de Luis Ángel Duque lo cerraron muy pronto y se lo dieron a otra gente.
Después del boom del llamado arte no convencional, en los ochenta regresó la pintura, la época de las transvanguardias. Tú también vuelves a pintar. ¿Por qué lo haces?Nunca he sido un artista de un solo medio. Todo depende del estado de ánimo o de cuál sea el medio más eficaz para transmitir una idea. En la época en que hacía performance, también hacía arte sonoro, cine en Super-8, video arte, video instalaciones y vitrinas llenas de objetos, inspirado en Mario Abreu. Una idea brillante para un poema fracasa si la hago en escultura. Lo que intento es ubicar claramente hacia dónde van mis imágenes. Estudié diseño visual en Italia y estuve muy cercano a lo gráfico, a las imágenes pictóricas. Empecé pintando. Mis primeras manifestaciones artísticas fueron afiches, obras hechas sobre papel, de mis ídolos en ese entonces. Tenía 18 años y ellos eran Jimi Hendrix, Frank Zappa, Led Zeppelin. Eso era lo que pintaba, pero no sabía que era artista, que era pintor. Hice cientos de trabajos hasta que me di cuenta: “Esto es lo que quiero hacer, éste es mi mundo. Yo soy artista”. Entonces se le pararon los pelos a mi papá. No era unhobby, esto era lo que yo quería hacer. Trabajé un tiempo largo con pintura matérica, hasta que me fui a Italia a estudiar diseño visual y mi trabajo se dirigió hacia otro lado. También tuve que elegir, porque no puedo ser diseñador y artista plástico. Opté por dejar el diseño. En Nueva York estuve marcado por la nueva pintura: la transvanguardia italiana, el new wave, los nuevos salvajes alemanes. Y me vi muy motivado a retomar la gráfica. Empiezo a hacer cosas en papel: compraba papel de 1 x 70 metros e hice una serie de trabajos muy gráficos sobre armas blancas. Después de que estuve un tiempo largo pintando sobre papel o haciendo diseño sobre papel, pasé a la tela y a las tres dimensiones.
Por la discusión de la época, ¿volver a la pintura no pareció una renuncia a estas nuevas prácticas?Lo que no entendían era por qué yo estaba pintando, pues se supone que los artistas conceptuales no pintan. Nunca le he hecho caso a las modas, jamás en la vida. Ni a los galeristas, ni a los curadores ni a los historiadores. Es grosero, pero siempre he hecho lo que me da la gana. Si yo tenía la necesidad de pintar, pintaba. Si hoy me provoca pintar, me siento a pintar. Si me provoca hacer esculturas, ensamblajes, instalaciones… las hago. De eso se trata. Cuando fui a Italia creía que me las sabía todas y me di cuenta de que tenía lagunas enormes de cosas que tenía que aprender. Tuve una figura clave en mi formación: Bruno Munari. Más allá de ser un diseñador, él fue un tipo demasiado volado. Con él empezamos a hacer cine Super-8. Con él quemábamos las diapositivas, las perforábamos. Con él hice performance y empecé a filmarlos. En Milán empecé a ver performances en vivo, algo que nunca había visto. Eran italianos, ingleses. El mismo caso de los que estuvieron en Inglaterra, en Francia. Uno se nutrió viendo cosas, visitando museos, compadre. No es lo mismo ver un libro de arte que estar en un museo y ver las obras. Uno se carga, aprendes cosas, se te abre la mente. Te das cuenta de lo que puedes y de lo que no puedes hacer. Y eso me pasó siendo muchacho. Por ejemplo: yo no sé soldar, no sé cortar láminas de hierro, ni pegarlas ni quiero aprender a hacerlo. Cuando a mí se me ocurre una pieza que debe ser un hierro, busco los herreros. Me informo bien, hago mis maquetas. Si quiero hacer un traje busco una buena costurera que me lo haga…
Conversando con algunos de tus compañeros de generación me han dicho que se sienten “bypaseados” por el sistema. ¿Qué opinión te merece esa afirmación?Nosotros fuimos y aun seguimos siendo una generación sándwich. Prefiero llamarla así. Están los consagrados, los maestros que tuvieron su tiempo y su reconocimiento. Luego un grupo de jóvenes haciendo cosas muy interesantes. Y nosotros, que quedamos en el medio. Claro que tenemos nuestro valor: tú eres el queso, tú eres el jamón, tú la mantequilla, tú los pepinillos. Estamos adentro, somos los que le damos el sabor al sándwich: estamos en un in between que no termina de devenir en reconocimiento, aunque hablar de reconocimiento es como necio. No ando buscando reconocimiento, pero sí que se aprecie, que se estudie, que se registren las cosas.
Cuando tú eres el pionero, lo que haces no se entiende o no se toma en serio. Pero después de que pasa el tiempo y ves que esas mismas cosas las hace un tipo porque es judío, porque es europeo, porque lo hace en una bienal, en Kassel, entonces sí tienen un valor importante y resulta que nosotros las hicimos hace muchos años y no fuimos tomados en cuenta. Ser artista en Venezuela es muy difícil, incluso hoy en día, que te tomen en cuenta los historiadores del mundo, incluso los mismos historiadores de Venezuela. Todavía en nuestros país no entienden la importancia del mail art ni quiénes fueron los que hicieron mail art en Venezuela, por ejemplo.
Lo que estamos viviendo ahora no tenemos ni para qué nombrarlo. Gente que descuida sus museos y el arte en general, menos van a tener que ver con los artistas que han producido cosas aquí. Historiadores del nuevo cine de la Universidad de Nueva York han venido a Venezuela a investigar este país como uno de los primeros que hizo cine de vanguardia en Super-8. Vienen, compran las películas, las pasan a video, se las llevan, aparecen en libros allá y aquí eso ni siquiera todavía se entiende. Por eso comprendo cuando hablan de un bypass pero yo prefiero decir que somos generación sándwich.
¿Sabes qué va a pasar?
Tendremos que buscar información de afuera para descubrirnos a nosotros mismos. Es extraño, pero en este momento hay espacios, museos, galerías, historiadores de arte rescatando a los artistas de esa generación del bypass. Entonces serán sorprendidos los mismos venezolanos al decir: “Oye, mira: un venezolano ahí, yo no sabía”. ¿Y por qué no sabías? No es tu culpa del todo, diría yo. Porque a nadie le interesó registrarlo, reconocer lo que hizo Marco Antonio Ettedgui, lo que hizo Claudio Perna, Diego Barboza, Roberto Obregón después de que murieron.

viernes, mayo 15, 2015

The Carlos Zerpa Show

15 DE MAYO 2015 - 12:01 AM

The Carlos Zerpa Show

Por: Santiago Zerpa

“Quietud: los cantos de la cigarra penetran en las rocas” Matsuo Basho

Lo primero que ves al entrar a la exposición son dientes. Muelas y colmillos que van cubriendo una figura erguida sobre su propia serenidad. Cuernos de buey que contrastan entre tantos matices de blanco, beige y amarillo que adornaban anteriores bocas. Ojos profundos y llenos de mensajes. Ojos llenos de quietud. Así es Mola el Minotauro, una de las obras principales de la última muestra del artista NO convencional Carlos Zerpa. Pero así también son el resto de sus esculturas, de sus cuadros, instalaciones. Todo su arte está bañado con una quietud desgarradora, como el de las aguas que se retraen antes del maremoto, que anuncian lo inevitable, lo irreversible. Así, también, es él.
Crecí rodeado de esqueletos, monstruos, luchadores mexicanos, dinosaurios, tigres y boxeadores. Oyendo a Frank Zappa, a Los Rolling Stones, a David Bowie o a Tom Zé. Admirando al conde Drácula y al Hombre Lobo como auténticos héroes, y también entendiendo que las calaveras no son más que lo que tenemos todos debajo de la piel que nos cubre la cara. Desde muy temprano me extrañaba que aquello que a los demás les causaba miedo, asco o espanto para mí eran cosas del día a día. De una forma u otra, el universo de mi padre se transmitió a través de las largas horas que pasaba acompañándolo en su taller. Yo dibujando con colores sobre un cuaderno, él lanzando rápidas pinceladas sobre un cuadro de Tarzán luchando contra cocodrilos. A veces no era Tarzán, sino San Jorge contra el dragón, pero era un manera quizás más bíblica de pintar lo mismo. A mi padre nunca le interesó la diferenciación entre el bien y el mal, y dudo mucho que eso haya cambiado recientemente. Le interesa, eso sí, entender que el bien y el mal existen, o mejor dicho, que coexisten en un mismo universo. Comprender que todos tenemos un poco de ambos y que el arte reside en mantenerlos en equilibrio. Quizás es una idea muy parecida al núcleo del Paraíso Perdido de John Milton, pero cuando lo ves pintando, esculpiendo, pegando infinidad de objetos sobre el rostro de un maniquí… no te quedan dudas. La dualidad existe en toda su obra, tanto en colores, como técnica, como en los intereses que lo motivan a crear. De esa manera es que pueden entrelazarse una Marilyn Monroe al más puro estilo Pop Art de Andy Warhol con la escultura de un niño a gatas, todo de blanco y con máscara aborigen de Tigre, casi tan místico como el mismo minotauro de muelas, o la torre de cabezas grises de la que sobresale, en la cima, la única fluorescente. Pero a la vez, el misticismo y el Pop se unen con lokitsch, con el imaginario popular y las tendencias contemporáneas, con el video, con la sensación pegajosa de estar dentro de cuatro paredes donde ocurren muchas cosas. Hay muchos colores chillones pero también abunda el blanco. Hay mucha iconografía musical tratada desde una reinterpretación del significado Pop, pero a la vez hay mucho misterio en aquellos rostros casi celtas de Mick Jagger o Keith Richards. ¿O acaso la figura del niño con franela de los Rolling Stones, que se alza blanco, inmaculado, no es una reinterpretación casi onírica de una escultura clásica de mármol? ¿No es también una traducción conceptual del imaginario del artista? Y sin embargo conviven en una sola pieza, y en un mismo universo que protege al resto de la exposición. De esa forma, a través de las diferentes obras vamos cruzando un sendero lleno de recovecos. Descubrimos diferentes tonalidades que se apisonan unas sobre otras en tan solo un rostro, o pequeñas cabezas de Buddah que se esconden entre las muelas del minotauro, o descubrimos bondad en los ojos de la verde y decapitada cabeza donde retoña un árbol, o nos perdemos entre las estrellas plateadas que adornan las botas de un drogado Joe Cocker. Hay mensajes sobre mensajes sobre mensajes. Pero para poder asimilar tanta información es necesario tomarse una pausa. Es curioso que la dualidad de las obras también se refleja a través de los sentidos. Aunque uno se detiene ante imágenes soberbias, no se inquieta. De cierta forma se ha logrado un equilibrio, uno observa los cuadros, las esculturas, y lo invade la quietud. Por más que uno razone que está ante un monstruo compuesto de miles de muelas humanas, por más que te de asco, te detienes a contemplarlo. Descubres la templanza inherente de las obras y el infinito esfuerzo y sabiduría que el artista les dejó plasmada mientras las creaba. La excesiva información entra por tus poros, y luego, ya en tu casa, te descubres pensando en aquello que presenciaste hace tan solo pocas horas. Las obras de The Carlos Zerpa Show pueden parecer un paso más en su profesión como artista, pero abarcan otro espacio. Son cuadros, esculturas y ensamblajes profundamente planificados desde su astucia, desde su concepción de la vida y de su madurez. Hay conocimiento en técnica y en ideología. Hay un niño que juega, pero también un viejo sabio. La dualidad existencial se desborda desde la esencia misma de cada una de las piezas, y terminas viendo fragmentos de su alma. Fragmentos que, a su vez, funcionan como espejos. Mi padre, de cierta forma, siempre hace la misma pieza cada vez: portales. Y se ha vuelto muy bueno haciéndolos. Quizás por eso es que escribo por primera vez de su arte, porque es también la primera vez que no asisto en físico a una de sus exposiciones. Sin embargo, basta con verla a través de fotografías para que los portales se activen. Y sin importarme la objetividad, termino admirando a mi padre desde la distancia como lo que es: un gran artista.
 Texto basado en la exposición The Carlos Zerpa Show, inaugurada el domingo 3 de mayo de 2015 en la Galería D’Museo, en el Centro de Arte Los Galpones de Los Chorros, Caracas, Venezuela. 

viernes, mayo 08, 2015

El eterno irreverente


CARLOS ZERPA

El eterno irreverente

MARIA LAURA LOMBARDI

Hoy  domingo, a las once de la mañana, en la Galería D Museo  se inaugura “El show de Carlos Zerpa” .Una de las inquietudes que asalta al artista sobre esta apertura,  es que sus invitados extraterrestres  le roben el show. Sin embargo asegura no tener  inconveniente en compartir  el protagonismo de una muestra que fue gestando por tres o cuatro años y  consta de 16 pinturas, 16 esculturas ( dos de gran formatos) y  dos instalaciones  . Además se proyectará un video; habrá un performance y música rock.

En la exposición de Carlos Zerpa es difícil establecer cuál de las obras es la más llamativa,   la más hermosa, la de mayor contenido, la más vigente o más retro, qué trabajo es original y cuál es una intervención de una obra clásica. Sobre la muestra que prosigue hasta el 14 de mayo, el artista refiere que mientras su anterior exposición recorría diversas ciudades de Venezuela,  se dedicó a crear en libertad, es decir,  sin pensar qué obra expondría ni a qué influencia respondería su trabajo.

-- Retomé el color – afirma Carlos Zerpa - y  me puse caprichosamente a reinterpretar carátulas de discos en vinil  que tenían un  significado para mí. Más tarde me metí  con una que  otra pintura de las que dejan huella  y empecé a re crearlas  a mi manera. De allí surgió la parte pictórica de esta muestra.

Las esculturas – continúa el artista- derivaron de  jugar con plastilina, con mi hijo.  Esta cosa me gustó tanto que decidí hacer  figuras más grandes usando  pastas acrílicas para modelar. Primero hice un ángel, un Ángel  Guardián de los Estudiantes, durante las protestas y  la guarimbas. Luego modelé otra figura que se pareció  mucho a mi papá en los últimos tiempos. Para mi sorpresa, las obras tuvieron una buena acogida por su frescura, y entonces las hice crecer. Empecé a hacer cabezas de tamaño natural y personajes de dos metros de alto
.
La vida y la trayectoria plástica de Carlos Zerpa está marcada  por el movimiento cultural, social y político que despertó en 1968. A la pregunta sobre que semejanza y divergencias encuentra sobre esa circunstancia y la actual,  Zerpa afirma: “ Las épocas cambian y uno con los años cambia también. En ese entonces yo tenía 18 años y quería comerme el mundo. Ahora soy más reflexivo, tengo un lenguaje aprendido. Felizmente  mi atrevimiento sigue igual  y eso me hace sentir joven espiritualmente.”

--El mundo tecnológico de hoy es avasallante – agrega el artista- al punto de que con una impresora 3D se puede hacer un corazón real tridimensional que puede inclusive ser implantado en un ser humano. Cosa que se lee y no se cree. Por otro lado permanece invariable la eterna historia del bien contra el mal y del hombre como el gran depredador y asesino de sus hermanos en las grandes guerras.

El artista eternamente inconforme, rescataría del 68 el movimiento hippie pacifista pero sólo en sus comienzos, puesto que luego se desvió y fue absorbido por el sistema. “Estaban personajes muy violentos como Los Panteras Negras y Martin Luther King  proponiendo y promoviendo el camino del amor. Igual lo hacía John Lennon.”- subraya


En cambio en la actualidad - contrapone Zerpa- si te pones a ver noticias, están matando a todos los cristianos. Están destruyendo  a los grandes monumentos escultórico de la  Humanidad. ¡ Qué locura¡ ¡ Cuánto fanatismo en la religión y también en la política! Cuando no hay confrontación de ideas y quieren imponer normas y comportamientos



¿Qué contenidos reflejan sus obras plásticas?

-- Realicé con muelas, una de las piezas clave de la exposición. Las  estuve  recolectando personalmente y por internet  por tres años. Intercambiaba las muelas por dibujos.  Reuní 2.500 dientes de personas vivas e hice con esas piezas un personaje muy bello, un ángel Mino-tauro. Empleé  la muela, uno de los pocos huesos humanos que están al descubierto, porque  sirven para masticar  pero también  para la dentellada y porque  una muela fuera de la boca, es el dolor que ya dejó de existir.

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- Otra escultura de “ El show de Carlos Zerpa” -  es una niña  que tiene una cola larga de tigre. Ella  no es tigre pero al  verse la cola se pone la máscara de tigresa. Ella juega  a ser una niñita tigre. No hay que olvidar que el hombre tuvo cola antiguamente y el coxis es lo queda de esa extremidad que cayó por desuso.


¿Utiliza en sus esculturas  personajes de dibujos animados?


 Sí hay uno. Es una historia tomada de una película de animación del cineasta japonés Hayao Miyazaki titulada “El espíritu del bosque”. El personaje es un niño- venado que sale  del bosque . Lo curioso es que esa especie de santo de la historia  de ciencia ficción  también  forma parte  de creencias religiosas mejicanas y africanas..Hay una  cantidad de rituales dedicados al espíritu de los venados en religiones autóctonas.


¿Y qué puede decirnos de la figura que aparece en el afiche de la muestra?

-- Ese es un homenaje que le hago a los Rolling Stones  y a Mick Jagger que se suma a tres cuadros  inspirados en los discos del famoso conjunto de rock que también están en la muestra. Yo soy  fan de los Rolling Stones de toda la vida y cuando mi hijo era mucho más chico le regalé una franela con las bocas  estampadas de los ídolos. Entonces, hice la figura y el rostro del niño  en masa de acrílico,  busqué la franela entre la ropa de ayer que tenía en casa , se la puse y le colgué  en una oreja unos zarcillos que son como una suerte de contra de chiles rojos.

-- ¿Cómo comenzó su carrera de artista?

--Hace muchos años  cuando  comencé a hacer arte, pintaba afiches y carteles de las bandas de Rock que me interesaban. Allí estuvieron The Doors, Led Zeppelín, Frank Zappa; era un hobby que me fue apasionando más y más. Particularmente Frank Zappa , quién revolucionó  el mundo del rock de y la música contemporánea , cambió mi vida.  Fue el primer músico que fusionó rock con el folk y con el reggae y fusionó el rock con música clásica y creó música clásica y se metió en música electrónica. Fue pionero del tecno. Gracias a Frank Zappa  comencé a escuchar por primera vez a Carmina Burana, La Tosca y a  Rachmaninoff

--¿Cuando usted dice que tiene  plena libertad a la hora de crear  a qué se refiere?

-- A una toma de conciencia, a una libertad adquirida, a la única manera de   manera de hacer arte de verdad. No al gusto del cliente, no al gusto del galerista, no al gusto de la gente que va a ver la obra. Yo le presento una obra a los promotores y esa es la que va. Juntos haremos que funcione. Afortunadamente hay mucha gente que cree en mí y  me quiere bien.

--¿Hacia dónde va Venezuela, el arte contemporáneo y la su propia obra?

--Venezuela va a una reconstrucción en la cual  quiero participar. En este momento está pasando una cosa muy bonita  en el mundo. No hay una tendencia clara marcada en el arte.  Hoy en día todos estamos haciendo  muchas cosas extrañas que no tienen nada que ver  unas con  otras  y que tranquilamente pueden estar influidas por el cine y la literatura.  Mi obra se va a mover a Brasil, Miami, México y Nueva York  y yo espero, como lo hicieron, Matisse, Dalí y Picasso, pintar hasta los 90 años.


The Carlos Zerpa Show


The Carlos Zerpa Show
Santos Lopez


Detenerse y contemplar este giro que hace la obra de Carlos Zerpa es percibir ya un tono más reflexivo y compasivo en su trayectoria. Son cuadros y esculturas que sugieren una continuidad de su voz sostenidas en la búsqueda de la libertad y el riesgo creador. El reto de un artista como Zerpa no es resolver conflictos sociales o inquietudes filosóficas. Su motivación es ofrecernos su sensibilidad y su pensamiento para inducirnos una catarsis. Hablamos de compasión, un amor más elevado y compartido: el padre, el bosque, la infancia, el hambre de los pueblos, la creciente contaminación de la tierra, sin olvidar su temática recurrente de homenaje a The Rolling Stones, Zappa, Mattise, Goya, Hokusai, Velásquez, Duchamp y Warhol evidentemente, como un juego en diálogo de lo que es su vida; especie de transcreaciones -parafraseando al poeta Haroldo de Campos-: la migración de una imagen de un tiempo a otro, de un creador a otro para dar como resultado algo distinto; con lo cual queremos decir que toda migración de una imagen tiene su fundamento en el Arché y su naturaleza original y sincrónica. Al fin y al cabo, el artista plástico echa mano de un “lenguaje” visual con el cual crea y traduce el pensamiento que quiere comunicar.



Mola, El Minotauro

Arroja al suelo las primicias de tu bebida y comida
Tal como al correr, si el alimento falta,
Es fuerza aminorar esa carrera, Ellos dijeron.
Y la tierra te fue dada así
Para pisarla y sacar de ella algunos antepasados,
Corrígelos y que se vuelvan la gran boca del tiempo.
Ningún rey cruel, oh Señor, será peor carne que animal cazado
Y devorado
Y será una quimera la que se trague toda hambre.

-¿Lo creerás, Ariadna?, Dijo Mola. Aquel rey apenas se defendió.


Estos versos corresponden a una fábula muy particular de una región antigua, ya olvidada por los historiadores, levemente asomada por Heródoto, refiere esta historia muy particular:

Un pueblo vivía una gran hambruna.
El rey y su corte de comandantes y ministros ejercían el poder con una tiranía perversa que acaparaban todos los alimentos.
Los ancianos de aquel pueblo se reunieron para buscar una solución a  aquella penuria.
Se fueron al bosque donde estaban enterrados todos los que habían muerto por el hambre y comenzaron a cantar, taloneando la tierra, invocando una cura para aquella desgracia.
Del corazón de la tierra emergió Mola, el Minotauro, cuyo cuerpo estaba recubierto de muelas.
Mola lo primero que hizo fue comerse al rey y a su camarilla, y a continuación se comió también el hambre de aquel pueblo.

El arte ya no es simulacro de la creación, es creación misma. Sin complejo hacia la naturaleza divina, deviene por sí mismo en sagrado o espiritual.
Mola, como una quimera, tiene un impulso dinámico que afecta todo con lo que entra en contacto: nosotros mismos. Es activo como la masticación. Mola es una corporeidad a partir de la tierra, viene a masticar el Hambre, es decir, una injusticia; su virtud deriva de la tierra misma, que el decir popular registra con aquello de “la Tierra todo lo da y todo lo traga”, incluso a nosotros mismos.
Zerpa estuvo madurando y concibiendo esta pieza por más de tres años. Se tomó la libertad de ejecutarla con el símbolo de los dientes, que siempre está asimilado a la agresión como el primer impulso de la naturaleza cuando nace, y también alude a lo colectivo, las familias. Los molares son formas o ideas de la tierra. Mola es una realidad o verdad que proviene del inconsciente. La imagen de molares como una cubierta, un epidermis, podría molestar e incomodar a primera vista. Es como su primer velo misterioso. No nos previene que toda realidad del inconsciente es amarga, dolorosa. Sin embargo, Mola nos reserva un sentimiento de redención y equilibro que todo sacrificio conlleva. Es como un Saturno en nuestras vidas que se propone devorar algo, como el Asterión de Jorge Luis Borges, así El Mola de Zerpa.

Carlos Zerpa recrea desde lo profundo de sí este arquetipo, tal vez conmovido por una visión cercana que merodea nuestra realidad y se nos encima como una fatalidad. Sensible a su entorno, nos entrega una pieza que marcará un hito como un nuevo código de nuestra cultura. Al contrario de lo que significa el mito del Minotauro que el rey Minos escondía en su laberinto de Creta y que Teseo aniquila con la ayuda de Ariadna y otros espíritus. El Minotauro de Minos era una cruel criatura, antropófaga, que requería cada cierto tiempo el sacrificio de siete mujeres y siete hombres jóvenes. En cambio, el Mola de Zerpa es un protector justiciero, su mirada es compasiva. El gran poder que tiene para comerse el hambre misma es su virtud. Sus molares son piezas vivas que trituran una de las epidemias más crueles que viven hoy los pueblos que son vasallos de políticos corruptos y mediocres. Zerpa ha invocado su Mola para denunciar la una gran injusticia del hambre de los pueblos.

El universo pop de Carlos Zerpa

El universo pop de Carlos Zerpa

Mañana inaugura la exposición "El show" en la Galería D'Museo

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MARÍA GABRIELA FERNÁNDEZ B. |  EL UNIVERSAL
domingo 3 de mayo de 2015  03:38 PM
La escultura blanca de un hombre con el torso y el rostro cubiertos por muelas recibe a los visitantes. Dos grandes cachos oscuros sobresalen de su cabeza y dan a esa imagen de dermis irregular la apariencia de un toro. El curioso personaje representa a un minotauro llamado Mola sobre el que, en su historia mitológica, se dice que masticó la injusticia de su pueblo hasta llevarlo a la felicidad.

Pero el artista Carlos Zerpa (Valencia, 1950) no sólo valora a la pieza por su potencial crítico o esperanzador. Por el contrario, la condición de ícono de la figura de este animal fue lo que, en primer momento, le despertó la curiosidad por su historia y lo que, luego, lo llevó a perpetuarlo como pieza de su nueva colección.

Mañana inaugura en la Galería D'Museo, del Centro de Arte Los Galpones, la exposición El show. En esta muestra, Zerpa reúne tres años de trabajo condensados en una selección de 12 pinturas, 16 esculturas, una instalación y un video, en los que, con su característico humor negro, plantea el valor pop de figuras religiosas y rinde un homenaje a las imágenes que marcaron su infancia y juventud. En la exhibición resalta un atrevimiento en el uso de materiales, como cabello con resina y los más de 2.500 dientes que cubren al minotauro, conseguidos a través de una campaña por las redes sociales.

De Mick Jagger a la virgen 

Con una trayectoria de 45 años dedicados al arte no convencional, Zerpa, un excéntrico creador amante del rock, colma la sala con imágenes en las que explora y rinde homenaje a las figuras de su imaginario. Entre constelaciones, abre las puertas hacia un universo de pinturas inspiradas en las portadas de discos de los Rolling Stones, con los rostros de dos de sus integrantes; o de Frank Zappa, con la representación de un mueble rojo. A esta serie se le suma una versión de la Marilyn Monroe de Andy Warhol, y una pieza a la que titulóCiber Madonna, en la que una virgen oscura aparece rodeada por elementos tecnológicos. Esta última pieza, a la que se refiere como "la más terrible", tiende el vínculo entre las pinturas que exhibe en las paredes y los volúmenes escultóricos que inundan la sala. En estos, el autor no sólo representa a Mola, sino también a otras imágenes místicas como un Espíritu del bosque, con cachos de venado y maracas; cabezas de animales y de hombres que "escuchan a la tierra"; y una virgen católica que, a su vez, carga a otra virgen.

-¿Cómo relaciona el elemento pop de los discos de bandas o fotos de artistas con las imágenes religiosas? 

-Una banda y una virgen pertenecen a la vez a la cultura popular y con ambos establezco vínculos con mi juventud. La realidad está llena de esto, cuando subes a una camioneta ves a un santo, a una referencia deportiva o musical, ¡tantas cosas juntas! En mi caso, estas imágenes traen a la contemporaneidad recuerdos e historias que he forjado donde lo religioso también es pop.

-¿Plantea al rock como una religión con este vínculo que crea? 

-Creo que el rock es una cultura importante para el mundo y para Latinoamérica, y así lo represento. Podría ser una religión, pero la verdad es que busco bandas que hayan tenido valor en mi juventud, y que aún la tengan para mí. Por eso llamé Show a la muestra, porque la disfruto como una fiesta de estrellas.

-¿Teme convertirse usted en una estrella, en un ícono pop a representar?

-Creo que ya se hizo tarde (risas) porque no soy un rockstar ni un líder religioso. Pero no le temo, sería divertidísimo.

Para la inauguración de la muestra en D'Museo, se espera "la llegada de una nave espacial y de dos personajes del espacio". Todo es posible en el universo de humor pop del artista Carlos Zerpa.



ZZ…En el arte definitivamente hay que atreverse, hay que participar de una subversión por la libertad total como dijo el querido maestro Frank Zappa…ZZ